La levedad del ser

Id: 129  Cat: La naturaleza del hombre  Date: 2006-07-05 18:50:00

Una organización, dependiendo de las especificaciones pactadas con la comunidad exterior, elabora y cuida una moral incrustada, necesaria para su eficacia y eficiencia. Esta moral no está al albur de un pretendido Acto misterioso durante sus operaciones, sino que está adecuadamente trascendentalizada. De otro modo la organización debería actuar como un individuo, cosa prohibida ya que eso la obligaría a poseer y usar una libertad salvaje interior, donde mora Dios, destruyendo más que probablemente los objetivos primarios (al uso o de mercado) de la misma... El corazón de las comunidades es una libertad salvaje interior individual, que es la encargada de informar proféticamente a la comunidad (con verdadera o falsa profecía).

Esto sería una teoría de líderes, si no fuese porque el informador tiene necesariamente que ser un profeta (que habla con tautologías alfa) y a esos siempre les cortan la cabeza. Solo ese es el motivo por el que siempre tendremos pobres entre nosotros; también es ese el motivo por el que Dios no nos juzgará por nuestras caridades, fes o amores como tales (nadie sabe qué es eso de amor, fe o caridad como tal) si no por sus grados de profetismo. El Acto es el contador del Devenir y procede del Misterio o la Otredad. El hombre no domina ese contador salvo con la humildad profética. A esto se supedita el amor o la fe, para la función de Devenir. Este es el modo en el que el hombre muere en Dios. Lo contrario de todo esto es que Dios muera en el Hombre (en los gráficos aparece como si la flecha de Dios se doblase bruscamente para seguir los recorridos de la cosmología de los antiproyectados. En los devinientes no habría un Dios que gira, sino una *sombra* de Dios, fruto de la proyección del Devenir sobre el plano del ser o *estela del Acto*. Ver Visión del conjunto).

Si dos profetas son iguales en P (en la proposición o en el sentido alfa o beta de la proposición), el devenir que produce el contrincante político, tomado como necesidad para ese devenir como diría Hegel, es un devenir infame: el verdadero profeta no deviene por el falso, y el falso solo deviene infamia: Como hay un Acto, necesariamente uno de los devinientes es verdadero y el otro falso (esta podríamos llamarla una función veritativa del espacio metalógico).

Insistiendo un poco en la teoría de los contrarios de Hegel: