Dios no ha venido tanto a salvar al hombre, como a condenar a los hipócritas.
Más o menos es lo mismo que esto:
«Dios no ha venido a salvar al hombre, sino a visitar a los profetas.»
Explora la inquietante relación entre Dios y el hombre, donde la condena a los hipócritas revela una búsqueda más profunda de la verdad. El texto redefine la venida de Dios: no como una salvación general concedida desde fuera, sino como revelación que desenmascara a los hipócritas y reconoce a quienes ejercen la autonomía profética. Visitar a los profetas equivale así a confirmar la presencia de Dios en el Hombre deviniente, mientras la condena recae sobre quienes administran su nombre sin encarnarlo.
Dios no ha venido tanto a salvar al hombre, como a condenar a los hipócritas.
Más o menos es lo mismo que esto:
«Dios no ha venido a salvar al hombre, sino a visitar a los profetas.»